El Centro Especial de Empleo La Plata nació en 1996 para dar una salida profesional a personas con discapacidad física o mental en la zona de la sierra de Béjar, en un pueblecito rural de la provincia de Salamanca. Sin embargo, lo que empezó siendo una estructura de apenas cuatro personas que fabricaban dulces típicos salmantinos, como las floretas fritas, para luego venderlas en los pueblos de los alrededores, es hoy una estructura que emplea a 13 trabajadores y se ha especializado en combinar en sus propios envases los productos de panadería que otras empresas fabrican. A nivel comercial su punto fuerte es ofrecer un surtido variado en un mismo paquete. A nivel emocional este centro es como un oasis en el desierto de todas las personas que trabajan en él y en el que gracias a él vuelven a verse capaces para unirse y luchar juntas por un presente que les traiga un mañana. La historia de este centro es la de una superación individual, la de su fundador, que pasó a ser (y es) colectiva.

Una historia que se cimenta en la de Aquilino Gómez Hernández, artífice de este centro y emprendedor nato. De profesión electricista, este salmantino que vivió en Valencia durante una temporada decidió volver a su tierra cuando fue padre para que sus hijos crecieran en el campo.

Triple reinvención profesional

Tras montar un restaurante en una nacional que luego se vería abandonada por la aparición de una autovía unos metros más allá, quitándole tráfico y clientes, nuestro hombre se reinventó de nuevo, y montó un obrador para elaborar productos pasteleros que quiso vender él mismo en su propia furgoneta.

Las curvas de la vida le tenían reservada una muy mala pasada. En el primer reparto de aquellos dulces Aquilino sufriría un accidente que le fracturaría el hombro hasta 17 veces, dejándole imposibilitado del brazo izquierdo y sumido en una depresión profunda y severa.

Un pozo llamado depresión

“Tenía dos hijos a los que cuidar y mucho miedo, porque me había quedado sin la forma que había elegido para ganarnos la vida. Pasé largos meses pensando que nunca más podría volver a mover el brazo, que nunca más podría ser una persona activa, me metí en un hoyo muy profundo llamado depresión del que cuesta mucho, mucho, mucho salir”, explica a Huella.

Sin embargo, salió. Y lo hizo gracias a su espíritu emprendedor y a la idea que empezó a inocularle una asistenta social con la que entró en contacto tras su accidente y durante su rehabilitación. “Recuerdo que aquella persona me habló de la posibilidad de montar un centro especial de empleo para personas con discapacidad, pero yo más que capaz de montarlo lo que me veía era como mucho siendo un trabajador más”, sostiene.

Un Centro de Empleo, una nueva oportunidad

El tiempo demostró que en aquel cálculo se equivocaba y al final, en 1996, plantándole cara a la depresión y armándose de valor para salir adelante, Aquilino Gómez Hernández montó en Peñacaballera, a 10 kilómetros de Béjar, el primer Centro Especial de Empleo La Plata, y entonces… todo cambió.

“Lo puse en marcha porque a mis 43 años tenía que buscar una alternativa y vivir de algo… pero aquel centro y las personas con las que empecé a trabajar cambiaron por completo mi forma de entender el mundo, mi manera de ver la vida”, recuerda.

Dulces fritos como punto de partida

Eran sólo cuatro personas, incluido él, y para empezar Aquilino apostó por fabricar unos dulces típicos salmantinos fritos, llamados floretas o flores, con los que ya tenía experiencia tanto del restaurante que tuvo en aquella nacional casi olvidada como en el obrador del que sólo salió un pedido.

“Conseguí mecanizar e industrializar la fabricación de aquel dulce y sacar adelante una producción diaria suficiente para ir a venderla a los pueblos de los alrededores”, explica. Funcionó. El boca a boca hizo su trabajo y el centro empezó a recibir una mayor demanda de sus particulares delicias.

“Recuerdo que vendíamos en la zona, en pueblitos rurales de máximo 200 habitantes donde había tienditas a las que abastecíamos. Así estuvimos un tiempo hasta que por medio de algún que otro distribuidor dimos el salto a Madrid”, continúa. “Y a partir de ahí, siempre fuimos a más”, matiza.

De tú a tú con la distribución

El carácter luchador y emprendedor de Aquilino vio aquel salto como una auténtica oportunidad y no se lo pensó dos veces para ir a negociar con las cadenas de distribución en persona sin necesidad de intermediarios, y aquello también funcionó.

“Yo no tenía ni idea de lo que era la distribución ni de lo que nos podrían pedir, pero siempre he sabido que en esta vida o te espabilas o mueres, así que… espabilé (ríe). Fui a Madrid conduciendo yo mismo, porque mi hombro estaba mucho mejor, y ¿sabes qué conseguí? -pregunta en nuestra entrevista- conseguí nada más y nada menos que Alcampo confiara en el trabajo que hacíamos en el centro”, recuerda con una sonrisa telefónica clara y hasta visible.

25 años de relación con Alcampo

Desde entonces el Centro Especial de Empleo La Plata ha evolucionado mucho y ha cambiado incluso de sede – ahora está en otra nacional, en la 601, al lado de Béjar- pero la relación con Alcampo ha perdurado en el tiempo, estrechándose y fortaleciéndose. “Son ya cerca de 25 años los que llevamos vendiendo nuestros productos a sus supermercados e hipermercados”, sostiene.

Productos que no son los mismos que los que al inicio eran. Los hornazos (producto típico salmantino) con los que empezaron a vender en Alcampo fueron quedando atrás para dar paso a lo que los 13 trabajadores -todos con problemas físicos o mentales- del centro hacen ahora.

“Nos hemos especializado en combinar en envases hasta 50 productos de panadería que compramos a granel a pequeñas, medianas y grandes empresas pasteleras. Productos entre los que se encuentran las perrunillas, los mantecados, los lazos de hojaldre…”, y con los que hacen sus envases combinados todo el año, con una capacidad de producción que oscila entre los 2000 y 4000 paquetes diarios.

Una filosofía en común

“Lo que hacen y el modo en que lo hacen, acompañando a sus trabajadores en todo el proceso de producción y contribuyendo a que se sientan parte activa de la sociedad es algo que coincide con la filosofía de Alcampo de apostar sin fisuras por la igualdad de oportunidades y por romper barreras que no debieran existir”, explica, por su parte, Patricia González, directora de Recursos Humanos de Alcampo.

Actualmente, según datos de Aquilino Gómez, la media de edad de las 13 personas que integran el Centro Especial de Empleo La Plata es de 50 años. “A los 50 años, cuando tienes una discapacidad física o te estás recuperando de una enfermedad o un problema mental y vives en una zona despoblada y bastante rural, las opciones laborales son escasas. Por eso estamos muy orgullosos de poder dar una oportunidad a todas las personas que vienen a trabajar con nosotros. Personas que quieren curarse y que trabajan con un nivel de implicación que yo jamás había visto antes”, sostiene emocionado y con un quiebro bien audible en su voz.

El poder del colectivo

“Éste no es el proyecto que yo había imaginado”, continúa tras un silencio en el que se palpa su sentimiento. “Yo monté el centro para salir de mi agujero, pero he tenido una cantidad de recompensas que jamás habría podido imaginar. Este lugar me ha cambiado la vida, me ha enseñado lo que el ser humano es capaz de hacer de forma individual y por supuesto de forma colectiva. Los compañeros se ayudan entre sí y la recuperación de uno tiene un efecto contagio en los otros”, apostilla.

Esa emoción que Aquilino traslada al contar a Huella su proyecto la sigue trasladando a los trabajadores del centro que fundó, al que acude diariamente para, a sus 68 años, seguir abriendo sus puertas cada mañana. La gestión del mismo está ahora en manos de la segunda generación, de Fernando Gómez y Tito Gómez, sus hijos.

Valores compartidos

“Una de las grandes satisfacciones de mi vida es que este centro me ha permitido inculcar a mis hijos valores que antes de ponerlo en marcha yo no conocía. Este tipo de centros deberían fomentarse a nivel nacional porque… por experiencia lo digo…, cuando uno cae a un pozo no sólo necesita la ayuda de un psicólogo o de un psiquiatra, sino la de gente que está en tu misma situación o ha pasado por algo similar a lo que tú estás pasando para que veas que sí se puede salir adelante”, destaca.

A los logros sumados por Aquilino en el Centro Especial de Empleo La Plata (llamado así por estar en la nacional que lleva el mismo nombre y une Galicia con Andalucía por el oeste peninsular), su hijo Fernando quiere añadir uno muy importante: el de reducir el uso de plástico en sus envases. “Estamos trabajando para reducir en un 90% en no más de un año la cantidad de plásticos que usamos”, asegura el padre.

Apuesta sostenible con envases ecológicos

Para lograrlo van a cambiar los actuales blísters -bandejas de plástico con tapadera de plástico- que utilizan por bandejas de cartón con un cierre de plástico compostable. “Estamos haciendo grandes esfuerzos para que dentro de muy poco nuestros envases sean mucho más ecológicos, y así dar un paso al frente en materia de sostenibilidad”, asegura Aquilino.

“Sabemos que podemos hacerlo porque hemos hecho ya muchas cosas y alcanzado grandes propósitos. Nuestra intención es seguir e ir siempre a más, para hacer un buen producto de la mejor manera posible y de la mano de personas que quieren vivir, que luchan para volver a ser y para volver a creer en sí mismas, en la vida y en las oportunidades que ésta les da”, concluye.